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Cómo participar del juicio

Las audiencias son orales y públicas. Si sos mayor de 16 años, ingresás acreditándote con tu DNI, cédula o pasaporte en la Sala AMIA. Tribunales de Av. Comodoro Py 2002, Retiro.


22 10 2018 | TESTIMONIOS
"Uno manejaba la picana mientras otro preguntaba", dijo el sobreviviente Pedro Skupch

Hoy declararon cuatro sobrevivientes del centro clandestino de detención ESMA.


El testimonio de Pedro Rodolfo Skupch (caso 926)

El sobreviviente dio su testimonio desde Viena, Austria. Fue secuestrado de su domicilio durante la madrugada del 28 de mayo de 1976 por un grupo de personas que le dijo que eran policías y que lo iban a llevar a la comisaría. No le mostraron ninguna orden y revisaron sus libros y discos. En el departamento estaban su mujer, su hija de dos años y una empleada. 

Ya en la ESMA, “esperé bastante tiempo, se escuchaban ruidos, gritos y música tropical”. Skupch fue interrogado durante la tortura por su trabajo como profesor en la Facultad de Ciencias Económicas. “Me acusaron de ser de ‘la orga’. Les dije que nunca había sido de Montoneros. Me preguntaron sobre mi experiencia de profesor universitario y me acusaron de haber reclutado gente de la Cátedra. Uno manejaba la picana mientras otro hacía las preguntas”, contó. También le preguntaron por otros profesores. Skupch supuso que su secuestro se debió al decano interventor de la Facultad, quien en ese momento era un almirante.

Después lo llevaron al altillo, donde lo dejaron esposado con las manos atrás, con grilletes y capucha. Mientras estuvo en el sector Capucha, relató que tuvieron que llamar a un médico, ya que la persona que estaba al lado suyo se quejaba de que tenía muchos dolores.

El hermano de Skupch estaba en el Consejo Evangélico Alemán del Río de la Plata. “Esto explicaría por qué salí con vida. Yo estaba en el peor de los lugares. Mi hermano y mi cuñado hablaron con el presidente del Consejo y la Embajada alemana intervino”, dijo. El día de su liberación, el 5 de junio, alguien le comentó que había leído uno de sus artículos sobre la nacionalización de los ferrocarriles, “pero que no lo había entendido porque hablaba confuso”.

“En un momento me bajaron del altillo, pero nadie me dijo que iban a liberarme. Me dejaron en un parque cerca de mi casa, vendado y atado. Mi miedo era que me dejaran ahí y me fusilaran, tuve ese miedo hasta que llegué a mi casa”, explicó. 

“Este episodio arruinó mi relación con Argentina y con Buenos Aires”, indicó. A las tres semanas, Skupch se fue del país con su familia. Recién en 2012 declaró ante el Poder Judicial de lo que le había sucedido en 1976. Explicó que después de su secuestro, a raíz de la denuncia que había hecho su esposa, un juez lo llamó a Tribunales: “Fui, pero decidí no decir nada. Después supimos que el juez tenía línea directa con el Ministerio del Interior”.

Durante su secuestro en el centro clandestino escuchó ruido de aviones y de un tren con locomotora con motor diésel. Pudo comprobar que había estado en la ESMA más tarde, durante una visita al ahora Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA).

Skupch agradeció la oportunidad de dar testimonio.

Los testimonios de María Teresita Acosta (caso 915) y Natalia Domínguez (caso 916)

Acosta y Domínguez (madre e hija) declararon, también, mediante el sistema de videoconferencia desde la ciudad de Neuquén, donde viven.

Acosta contó que la persecución contra su familia se inició antes del golpe de Estado en Chaco, donde vivía con su marido, Horacio Martín Domínguez (caso 561). Habían sido militantes de la Juventud Universitaria Peronista (JUP). El 8 de marzo de 1976 secuestraron a su padre, una de sus hermanas, a ella, a su hija y a Horacio. El grupo que entró a su casa les preguntaban dónde estaban las armas. “Rompieron todo, se llevaron fotos del casamiento y las pocas cosas de valor que teníamos. Me dieron unos minutos para preparar unos pañales y nos llevaron a la Brigada de Investigaciones de la ciudad de Resistencia”, relató. A la medianoche liberaron a todos, excepto a Horacio. María Teresita Acosta notó que dos personas vigilaban su casa durante casi dos semanas.

A través de consultas, averiguaron que a Domínguez lo habían llevado al Regimiento de La Liguria, perteneciente al Ejército, luego a la Comisaría 4ª de Barranqueras, donde pudieron verlo y les dijo que había más gente detenida con él. “Tenía muchas marcas de tortura”, contó Acosta. Después del 24 de marzo de 1976 lo llevaron a la Alcaidía y lo dejaron incomunicado. Luego le armaron una causa judicial y lo sentenciaron a tres años de prisión.

En mayo, Lucio Humberto Caballero (ya condenado por delitos de lesa humanidad) fue a buscar al hermano de Acosta, quien tenía 17 años de edad. Le dijeron a su madre que lo llevaban por averiguación de antecedentes y que volvería enseguida. Durante siete meses no lo vieron más hasta que pasó a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Lograron que viajara a España.

“Afuera la vida era muy difícil. Yo sentí que estaba afuera de la cárcel, pero detenida. No teníamos derechos, no teníamos garantías, éramos cosas”, explicó Acosta. Y agregó que su padre había sido policía en Chaco, que conocía a todos los miembros de la Brigada de Investigaciones y que le daba mucha bronca que sus propios camaradas de Fuerza se hubieran llevado a su hijo. “Mi papá no pudo ir a verlo (a su hijo), vivió con ese dolor, se deprimió y se suicidó en 1985”, contó.

Acosta vivió en Paraguay un tiempo, ya que les habían dicho que compañeros suyos de la Facultad habían sido detenidos. El 28 de marzo de 1979, Horacio Domínguez fue liberado. El 29 de marzo, nuevamente ingresaron a su casa y se lo llevaron: “Me dijeron que había sido un error la liberación”. Quien se lo dijo fue Gabino Manader, ya condenado por delitos de lesa humanidad. 

“Lo vuelven a soltar, pero empezó un período de inseguridad total. Nos fuimos de Resistencia. En 1979 nos instalamos en Buenos Aires”, relató Acosta. En octubre, un grupo de 8 ó 9 personas ingresó al departamento en el que vivían. “Yo estaba segura de que estaba embarazada, así que pedí que dejaran de empujarme”, indicó. Acosta explicó que buscaban armas. Natalia Domínguez dijo que ella le preguntó al hombre que la tenía qué buscaban y esta persona le respondió: “hormiguitas”. A Acosta y a su hija las bajaron y las pusieron en un Falcon. En un momento las vendaron e intentaron llevarse a Natalia a otro auto, pero María Teresita peleó y pudieron mantenerse juntas.

“Nos bajaron vendadas, me ingresaron a un lugar, una sala grande que tenía un escudo de madera. Yo estaba tan aterrada que no quería mirar mucho. Me dijeron que iba a ser interrogada. Esperamos hasta que un señor alto, de traje, que se presentó como Daniel, se sentó al lado mío y me empezó a interrogar. Me preguntó por mi familia. ‘Sabemos que no está en nada. A su marido lo tenemos acá desde la mañana, sabemos que es del Chaco, que tiene una hermana abogada, una profesora y que su hermano está en España, que se junta con determinadas personas’, me dijo. Me preguntó por Marcela Molfino, por Guillermo Amarilla, por Jorge Alberto Pared. Yo le dije que los conocía, porque eran personas públicas en Chaco”, refirió Acosta. Le indicaron que Horacio Domínguez iba a quedar ahí, que a ella y a su hija las iban a llevar a su casa y que le iban a alcanzar lo que necesitara.

Acosta contó que se quedó encerrada en el departamento, pero que no le llevaron nada. Por este motivo, salió y llamó a la familia de Horacio, quienes vinieron a Buenos Aires. “A Horacio le permitieron hacer visitas, lo traían al departamento. Una vez me dijo que estaba en la ESMA y ahí me di cuenta de que yo también había estado ahí”, relató. Después de dos o tres de estas visitas, los represores le comentaron a Acosta que ella no tenía nada que hacer en Buenos Aires, que se volviera a Chaco, que Horacio Domínguez iba a seguir detenido. En noviembre ella regresó a Chaco y cerca de las fiestas de diciembre la familia de Domínguez le avisó que lo habían liberado y volvió a Buenos Aires.

Domínguez estuvo con “libertad vigilada”, lo que significaba que “tenía que ir una o dos veces por semana a ver a esta gente”. Según Natalia Domínguez, esto era así porque creían que su padre estaba relacionado con la Contraofensiva (de Montoneros).

Los controles se fueron cortando y en 1981 decidieron volver a Chaco. “Hemos sido afectados como familia, la crianza de mis hijas tampoco ha sido fácil. Hemos sido testigos de la desaparición de muchos compañeros. Esto es algo, una herida abierta que no cierra”, contó Acosta.

Natalia Domínguez refirió que cuando fue secuestrada la primera vez tenía dos meses y la segunda vez tenía cuatro años, por eso no tiene recuerdos y todo lo que puede contar lo hace por los relatos de su madre, su padre y el resto de la familia. “A medida que fui creciendo fui preguntando. Son cosas difíciles de contar”, explicó.

“A partir de los 30 años empecé a verme a mí y a toda la familia, no solo a mi papá, como víctimas de la dictadura. Sufrimos un desplazamiento, un desarraigo, lo que explica que estemos viviendo en esta provincia. Cierto miedo y pensamiento trágico que tenía empezó a tener más sentido a la luz de lo que habíamos vivido”, indicó.

El testimonio de Carlos Gregorio Lordkipanidse (caso 491)

Fue secuestrado en noviembre de 1978 y fue llevado a la ESMA. El sobreviviente ya ha declarado en las etapas previas de la Megacausa ESMA. Sus testimonios anteriores están incluidos en la causa y su caso está probado. Hoy amplió su declaración testimonial. 

“De los imputados reconozco, ya dese 1987, a (Carlos Mario) Castellví. Operaba desde que me secuestraron y durante mis dos años de detención. Estaba en Inteligencia y Operaciones. Lo reconocí a través de las fotos que retiró del centro clandestino Víctor Basterra. Lo conocíamos adentro como ´San Martín´”, comenzó relatando. Luego agregó que Castellví comentaba que era custodio del Congreso, institución que estaba cerrada, durante el funcionamiento de la Comisión de Asesoramiento Legislativo, y que era el contacto con el Ejército.

Lordkipanidse relató que cuando lo obligaron a realizar trabajo forzado le hicieron hacer la documentación apócrifa de Castellví. “Se le confeccionó la tarjeta de identificación naval, con un grado mayor, licencia, cédula, pasaporte, también una credencial de la Policía Federal (Argentina). Yo tuve que sacarle una foto con un uniforme apócrifo también. También le entregué los formularios para que los completara”, relató. 

Añadió que lo veía pasar por el sótano y en el sector Capucha, y que había estado durante uno de sus interrogatorios, aunque no fue el que hizo las preguntas. En esa ocasión quería saber dónde estaba el auto, ya que cuando allanaron su casa habían encontrado un juego de llaves.

Además, señaló que Castellví fue uno de las personas que durante el cautiverio los llevó a él y a un grupo de detenidos-desaparecidos a una quinta en la zona norte de la provincia, junto con Adolfo Miguel Donda, en mayo de 1979. Lordkipanidse le dejó al Tribunal la dirección y la información que identifica a la quinta para que se investigue ese lugar. “No solo estuvimos nosotros”, aclaró.

Cuando le preguntaron si había visto archivos de diarios y revistas, Lordkipanidse refirió que sí, que estaba el archivo fotográfico completo del diario Noticias y que había archivos de otras publicaciones de ese momento: “Era material de investigación para el grupo de Inteligencia y del SIN (Servicio de Inteligencia Naval)”, contó.

Ante ciertas preguntas, indicó que “todo era falsificable en el sector de documentación de la ESMA”, y aclaró que él solo fue obligado a falsificar documentos personales de identidad.

“Lo único que quiero es que me permitan recordar a mi compañero Mario Enrique Fukman, que no pudo participar de esta etapa de juicio, entre otras cosas, por la lentitud de la Justicia”, finalizó.

La próxima audiencia será el lunes 29 a las 9:30.

 



de los procesados son juzgados por los "vuelos
de la muerte"
son las víctimas de los crímenes de lesa humanidad incluidas en la causa
testigos declararán y se incorporarán parte de los testimonios del juicio anterior
MEMORIA, VERDAD, JUSTICIA. 30.000 DETENIDOS-DESAPARECIDOS PRESENTES

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