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Cómo participar del juicio

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12 11 2018 | TESTIMONIOS
"El cautiverio fue un conmorir, no un convivir", dijo la sobreviviente Graciela Daleo

En la audiencia de hoy declararon Graciela Beatriz Daleo y Juan Martín Bautista Torres, quien fue director de la revista Última clave. 


Graciela Beatriz Daleo

Al haber declarado en instancias previas de esta Megacausa, hoy amplió tu testimonio (caso 388). Recordó que fue secuestrada el 18 de octubre de 1977 al mediodía en la estación Acoyte del subte (ciudad de Buenos Aires) por el grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Quien la tiró al piso fue Ernesto Frimón Weber, comisario de la Policía Federal Argentina. “En medio de golpes y encadenada, fui llevada a la ESMA”, relató. Otros de los miembros del grupo de tareas que participaron fueron el “teniente Ernesto”, quien todavía no ha sido identificado; Carlos Pérez “Bicho” y Pedro Salvia “Angosto”, ambos de la Policía Federal. Daleo los vio posteriormente en el centro clandestino y ellos le dijeron que la habían secuestrado y dónde se encontraba. “Pérez me dijo que si yo hubiera intentado escapar, él me iba a disparar”, agregó.

Graciela Daleo contó que sufrió torturas físicas y psicológicas y que estuvo en distintos lugares del edificio del Casino de Oficiales, pero que todo el predio -sus 17 hectáreas, 33 edificios y campo de deportes- funcionó como campo de concentración. En 1979, Daleo fue llevada a Ezeiza y, con documentos falsos confeccionados en la ESMA, fue llevada a La Paz. En abril la autorizaron a volver a Argentina. El día 20 de ese mes se fue a Caracas. “El proceso de liberación supone mucho más que trasponer las puertas de la ESMA”, aclaró.

“De los genocidas a los que sufrí -decir ‘conocer’ me resulta muy barato-, algunos eran de la Armada, otros del Ejército, de la Policía Federal Argentina, entre otros. Todos sabían lo que sucedía en el campo de concentración. Los oficiales del sector de Inteligencia también realizaban actividades del sector Operaciones y Logística. Estaban compartimentados, pero los compartimentos no era estancos. Jóvenes alumnos de la ESMA también tuvieron contacto con nosotros, haciendo tareas que poco tienen que ver con los oficios que fueron a aprender. Ellos, ‘los verdes’, sabían, tal vez no tan en detalle. Otros integrantes y civiles que prestaban funciones en la ESMA también sabían. El equipo de Sanidad, más allá de los médicos que venían especialmente, también. A mí me llevaron encadenada hasta ese pabellón, una mujer. Los que hacían guardias externas afuera del edificio también sabían lo que sucedía, veían entrar y salir los vehículos con gente encapuchada”, explicó.

“Los verdes”

“Algunos de ‘los verdes’ eran muy feroces, otros menos, algunos se podía decir que se apiadaban de nosotros. Pero nosotros estábamos ahí secuestrados. Recibíamos desde golpes, hasta verdugueos, como no llevarnos al baño cuando lo pedíamos o le repartían comida a algunos y a otros no. Uno de ellos, ‘Gurí’, ayudante de un ‘Pedro’, me habían dicho que era muy feroz. En la Nochebuena de 1977 subieron (Alfredo) Astiz y Alberto González a la Pecera a desearnos feliz Nochebuena. Cuando se retiraron, ‘Gurí’ nos dejó ir a saludar a los compañeros de Capucha. Les habíamos armado unos regalitos: juntábamos chistes de los diarios para dárselos. Recuerdo haber entrado. Recuerdo el encuentro. Los compañeros se pudieron sacar la capucha. Manuel, a quien abracé esa noche, era Gaspar Onofre Casado, lo supe después. A Jaime Dri también lo recuerdo. Y después fuimos a Capuchita”, describió Daleo. Otro de los verdes, a quien identificó como “Maco”, una vez que anotaba su nombre le dijo: “No saben las cosas que les hemos hecho a ustedes”.

Los acusados

Del acusado apodado “Cortés”, pudo enterarse por otros detenidos-desaparecidos que iba de civil, “trajeado, peinado a la gomina, no se sabía si era del Ejército o del Batallón 601”. Daleo lo vio en el sótano y alguien se lo señaló y le dijo quién era. Sobre el acusado “Pantera”, contó que lo vio en pocas oportunidades en el sótano y que no había hablado con él. Otros compañeros de cautiverio le dijeron que era operativo y que no estaba de acuerdo con “el trato blando” del centro clandestino. Después se enteró que “intervino en el secuestro de Alicia Millia (de Pirles, caso 290)”. “’Tiburón’ era de la banda de Weber, de la Policía Federal Argentina. Sé ahora que su nombre es Cabral. Eran varios: (Juan Carlos) Fotea, Carlos Pérez, Pedro Salvia, Juan Carlos Linares y Roberto Oscar González. Los recuerdo en el sótano. González, ‘Federico’, era el único que subió a Pecera”, relató. A “Tiburón” lo pudo identificar en uno de los “paseos”: “Nos metían en autos para que marcáramos compañeros, temíamos que alguien que no supiera de nuestro secuestro se acercara a saludar y eso le valiera su secuestro”, explicó, y agregó que lo ubica durante todo el cautiverio, sobre todo en 1978.

Acto de condecoración

“Fue en septiembre de 1978, cuando (Eduardo Emilio) Massera se despedía como comandante en Jefe. Hubo una ceremonia y nos llevaron al salón El Dorado. Massera nos arengó, nos dijo que habíamos estado en bandos enfrentados, pero que esperaba que en algún momento nos pudiéramos sentar juntos, que íbamos a encontrarnos en un mismo camino, algo así. Él se veía como el nuevo Perón. Tuvimos que firmar un pergamino que le entregamos. Estaban (Jorge Enrique) Perrén y (Eduardo) Acosta. Después subió (Luis) D’Imperio, del Servicio de Inteligencia Naval, a contarnos que había habido ‘una ceremonia de condecoración’ por su participación en secuestros, torturas, asesinatos y apropiación de niños; por supuesto que eso no es lo que dice la condecoración”, relató.

Acerca de Héctor Hidalgo Solá (caso 329), “escuché de algunos prisioneros que habría estado en la época que coincidía con su secuestro. Después dijeron que lo habían llevado a una de las quintas que tenían los marinos”, relató.

“La primera vez que me llevaron a Pecera me hicieron pasar a máquina una monografía que un compañero de cautiverio le hizo al hermano de Acosta. Luego estuve en el sótano manejando una máquina con (Ana María) Ponce (caso 327)”, narró.

Consecuencias

Hay una “figura con la cual me autorrepresento cuando pienso en el cautiverio, en ese intento de recuperación que probaron con nosotros. Me pienso como un rompecabezas, formado por muchas piezas. La dictadura genocida quiso desarmar ese rompecabezas y armarlo de otra manera. No lo lograron, pero se quedaron con una pieza. Nadie sale indemne de un campo de concentración, pero las victorias de ellos no fueron totales. En cierto punto, por la militancia que tuve para hacer menos injusto este capitalismo, en cierto punto porque la única posibilidad de no morir del todo fue el acompañamiento de los otros. Aprendí que allí adentro podía confiar en muchos compañeros. Después me pude construir gracias a ellos como una mujer comprometida con esto, por eso vendré a declarar todas las veces que sea necesario”, contó Daleo. “El cautiverio fue un ‘conmorir’, no un ‘convivir’. Esto es parte de mi compromiso para seguir esta lucha contra la impunidad”.

Antes de terminar su declaración, Daleo comentó que había llevado la partida de defunción de Alberto Girondo, un compañero de cautiverio y de la lucha contra la impunidad que falleció. 

“Espero que estar acá sirva para seguir construyendo un país sin impunidad para los genocidas. Hace 41 años que mi compañero José Vicente Vega fue secuestrado con sus hijos, estuvieron en El Vesubio. Quería sumar su nombre y su memoria a este acto de justicia”, finalizó Daleo.

Juan Martín Bautista Torres

Fue director de la revista Última clave. Ya declaró anteriormente, por lo que hoy amplió su testimonio. “Conocí a (Rodolfo) Fernández Pondal (caso 341). Tuvimos una relación de amistad y laboral. Él era el subdirector de la revista. Ninguno de los dos tuvo relación con Hidalgo Solá. Es decir, él tuvo la relación que un periodista podía tener con un político. Yo, personalmente, nunca lo conocí. Después del secuestro de Hidalgo Solá me visitó un hijo de él y me preguntó si yo podía tener algún conocimiento de algo, yo le dije que no. Era un momento peligroso para hacer periodismo político. La publicación, Fernández Pondal específicamente, tenía contacto con las Fuerzas Armadas. Por ciertas informaciones que llegaron, se supo que Fernández Pondal había sido visto en la ESMA”, relató Torres.

La próxima audiencia será el lunes 26 de noviembre, desde las 9:30.

 



de los procesados son juzgados por los "vuelos
de la muerte"
son las víctimas de los crímenes de lesa humanidad incluidas en la causa
testigos declararán y se incorporarán parte de los testimonios del juicio anterior
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