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20 09 2018
Felipe Pigna: "SOY DEFENSOR DE LA ESCUELA PUBLICA"

El historiador Felipe Pigna dialoga sobre los roles del educador y del estudiante y propone un replanteo de los métodos de enseñanza.


Con el objetivo de promover y mantener vivo el interés por nuestra historia, el escritor Felipe Pigna busca estrategias para desterrar los mitos de la historia argentina. En ese camino, escribió una enorme cantidad de libros, participó como presentador, conductor y asesor en diversos programas de radio y televisión. En esta entrevista analiza la situación del sistema educativo y resalta la importancia de renovar los métodos de enseñanza. Y explica que los docentes tienen que contar los hechos históricos tal como sucedieron y no caer en la trampa de seguir el menú que propone el poder.

¿Cómo surge la idea de llevar los contenidos de la historia argentina a los medios de comunicación?

La historia es un patrimonio social colectivo.Por tanto, no puede estar restringida a poca gente. Es constitutiva de la ciudadanía, esa palabra viene de la Revolución Francesa, en la que el individuo se convierte en ciudadano con derecho. Entonces, la identidad ciudadana es muy importante y el gran negocio del poder es mantener una historia limitada. Una historia que considera que es un tránsito en la vida que va de la primaria a la secundaria; después ya no hay que hablar de historia. Aparece una historia en la que no hay conflicto, una historia light, sólo de próceres. La gente se ha dado cuenta que la historia tiene que ver con su vida, su presente, su futuro. 

Como intelectual, creo que se debe acceder a todos los recursos posibles de comunicación para difundir la historia. Tenemos una academia que sigue negándose a hablar de la dictadura. Es una extracción de clase la que escribe esa historia que tiene que ver con la clase media. Así que hay mucho para hablar y educar.

Hay un sustrato de jóvenes y niños que tienen ganas de mirar otra cosa y que vienen con un chip distinto. La escuela ha perdido el monopolio del saber, no es el lugar donde uno va a aprender, sino a ratificar alguna cosa, a sistematizar algo.

Su tránsito parte de la academia y luego va a los medios. ¿Cómo se vuelve útil para la escuela?

Los docentes y alumnos recurren al material de nuestro programa “Algo habrán hecho”, es uno de los elementos didácticos más usados.

Entonces ese pasaje se da casi naturalmente, cuando aparece algo que pueda ser de interés y de ayuda en el aula. Muchos estudiantes utilizan el ciclo “Ver la historia” en la facultad, más allá de los prejuicios de algunos docentes. Por suerte, estos trabajos tienen un recorrido independiente. No tenemos que caer en la trampa que nos plantea el poder de tener que responderle permanentemente. El poder arranca siempre por la negativa para poner al otro en una situación devaluada. Por eso, hay que contar la historia como fue, si no terminamos aceptando permanentemente el menú que nos propone el poder. Por supuesto, es un menú que no nos incluye, más bien nos enfrenta.

¿Cómo ve el vínculo de las nuevas generaciones con la historia?

Las veo muy bien en ese punto. Estamos haciendo un conversatorio con Darío Sztajnszrajber en el que tratamos preguntas sobre temas trascendentes de la humanidad como el poder, la religión, la muerte, el amor, la sexualidad, la educación y la verdad. Está buenísimo porque son temas muy profundos que nos permiten abordarlos desde la filosofía y la historia. La experiencia es muy buena, recorremos el país, participan muchos jóvenes que van a escuchar algo que la academia no aborda. Tenemos la ventaja que venimos del palo educativo y sabemos lo que es acercar la educación y trabajar con jóvenes.

Con Darío, somos profundamente defensores de la educación pública y muy críticos de la escuela actual. Cuando termina el conversatorio, los chicos siempre nos esperan para ver qué pueden seguir leyendo. Hay una avidez que, por supuesto, el mundo adulto no traduce, porque es más cómodo decir que los jóvenes están en otra cosa. Es casi natural el interés del joven por la realidad. Sin embargo, a veces aparece el relato de los grandes medios que habla de que los jóvenes son desinteresados o despolitizados.

¿Cómo describiría su método para un docente que también tiene que lograr que sea atractiva la historia?

La clave está en el respeto al otro. En el ámbito puramente escolar hay que partir de la base que lo que tenés enfrente no son personas vacías y amorfas. En alguna etimología, el alumno es el que no tiene luz y el profesor es el brillo, la potencia y la sabiduría. Ahí estamos en un punto equivocado porque se supone que el otro no te puede dar nada. La educación existe en la medida que el otro existe, si el alumno no tiene identidad e intereses no se produce el proceso educativo. Por eso lo primero es el respeto y buscar qué le puede interesar a un adolescente y cómo abordar temas que lo involucren.

Hay muchas cosas que les pasan a los pibes y que la educación debería tener más en cuenta. Hay una tendencia mundial de reducción de contenidos y de crecimiento de la metodología. La cuestión memorística y del examen como único elemento evaluatorio ya queda muy antiguo.

Los programas de estudio siempre se arman desde la óptica docente, es una cuestión de autosatisfacción que no hace a lo esencial. No hay que andar por el mundo como la persona sabía y que todos los demás son tarados a los que le vas a explicar la realidad.

También hay que pensar por dónde pasa la historia, si realmente debe transitar solo por los grandes personajes o lo que llamamos la “historia nacional”, que es un concepto bastante erróneo en un país tan gigante, donde se reduce a lo que tuvo que ver con Buenos Aires y lo demás sería historia regional. Pero lamentablemente se siguen escribiendo estas cosas en los manuales de historia. Son cuestiones que necesitamos repensar.

¿Cómo es el vínculo entre los contenidos de historia y las nuevas tecnologías?

En los manuales editados en 2018 se sigue hablando de nuevas tecnologías y no son tan nuevas, porque hablan del DVD, les pasan a los chicos películas, eso tiene 50 años. Hay viejas tecnologías, con lo que ya no se puede hacer: seguir tomando un examen oral, dar una clase expositiva en el que el docente habla dos horas. Hay que darle uso a las nuevas tecnologías ya que brindan hermosas oportunidades: es muy frecuente que un profesor le pida a un estudiante que le configure el celular, que le explique algo que no sabe, es una gran oportunidad para que el chico se convierta en docente. Se puede usar el celular en el aula de manera positiva y controlada, para buscar cosas, hay centenares de aplicaciones vinculadas con las materias que se dan en clase.

En los últimos años se propagan voces negacionistas sobre el terrorismo de Estado. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Al negacionismo no se le responde, no tiene ningún sentido. Lo único que digo es que los que niegan o ponen en duda la cifra de los desaparecidos se meten en un pantano, porque si nosotros no sabemos cuál es la cifra no es por culpa de las víctimas, si no por culpa de los victimarios. Ahí resumiría toda mi explicación. No sabemos cuántos fueron exactamente y ponemos una cifra estimativa porque la represión fue absolutamente ilegal y ellos mismo se encargaron de que no tengamos datos en torno al tema.

En ese sentido, el rol del docente es contar los hechos como realmente fueron, si no caemos en que nos marcan el menú, cosa que no podemos permitir bajo ningún punto de vista. Pero hay una historia que no admite preguntas cuestionadoras, porque cuando preguntás te convertís en una persona incómoda.

¿Cuál es el rol de los sitios de memoria para la transmisión de la historia?

Son hitos. Los visitan escuelas, los chicos se van llenos de preguntas. Es muy bueno, porque lo mejor que le puede pasar a un educando es tener muchas preguntas. Es fundamental la existencia de los sitios, hay que promoverlos porque son el lugar de la memoria, donde uno se encuentra con los que no están. No creo que tengan que ser sitios dramáticos, sino que tienen que estar lo más vivos posibles, no deben ser tumbas, eso es otra cosa, pero son importantes y hay que cuidarlos mucho. 

¿Por qué no aparecen mujeres en la historia de nuestro pueblo?

En 2011 escribí “Mujeres tenían que ser”, está bueno hacer la aclaración porque parece un libro oportunista y lo hice cuando muy pocas personas hablaban sobre el tema. Siempre digo que estaría bueno que uno no tenga que hacer libros específicos sobre historias de mujeres y que estén incorporadas a la llamada gran historia, cosa que no ocurre. En mi último libro "Mujeres insolentes de la historia” describo la vida de 29 mujeres latinoamericanas que se sublevaron para hacer lo que querían, son mujeres que se han destacado por sí mismas, que no tienen ningún gran hombre al lado; y si lo tienen al lado no pasa nada, mientras lo tengan al lado y no adelante, está perfecto.

 




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